lunes, 14 de abril de 2014

CUIDADO CON LOS MARCIANOS!!



 "El Milagro de la Nieve" - Masolino Da Panicale (1383-1440) otra  de las “pruebas” sobre la presencia de platillos voladores en  la antigüedad…  Si te acercas bien, son solo nubes.


Antes que entren los fundamentalistas de la sinrazón y me ataquen con insultos en lengua Klingon, y terminen arrojándome a la cara el libro “Yo Visité Ganímedes”, me adelanto: Yo SI creo en platillos voladores, en sociedades de otros mundos, fantasmas, Pie Grande, viajeros en el tiempo, el Yeti, el Mounstro del Lago Ness, Casas Encantadas, Criptozoologías, los Duendes, Los Pitufos, Papa Noel, Popeye y la rana René. Pero también os digo: no creo en aquellos que tratan de endilgarnos todos estos sucesos misteriosos, barnizándolos con el acostumbrado tonelaje de sensacionalismo, teorías conspirativas y ganas de jodernos la vida con Apocalipsis adelantados. 

No hay que creer todo al 100%, pues siempre hay que reservar un pequeño dormitorio para que descansen algunas de nuestras dudas y podamos caminar con nuestros propios y modestos cálculos. No es bueno que creas todo lo que sale en Internet, hermanito. 

En la secundaria, ya que mi vicio era NO entrar a clases, solía estar metido en la Biblioteca del colegio (GUE Hipólito Unanue, Mirones, Perú). Me encantaba leer y re-leer todos esos textos de historia, literatura y arte. Y me volví todo un entusiasta en pintura Medieval. Y como también me gustaban todos esos rollos sobre visitantes de otros mundos y misterios ancestrales, pues el complemento de una buena información me libraba de tener que creer a pie juntillas, todo lo que los teóricos de los visitantes de otros planetas nos querían (quieren) plantar. 

Y me estoy refiriendo precisamente a toda esa pintura sacra del siglo XV, donde, según los teóricos de la marcianada, muchas de las obras de arte de esos días, plasmaban en sus lienzos, elementos e imágenes “totalmente perturbadoras” y que “no tienen explicación alguna”… Aunque si, claro, tenían SU explicación: la presencia innegable de los extraterrestres en aquellos vetustos lienzos. No había sombra para el titubeo, teníamos que creer sin chistar, pues las evidencias “son contundentes e irrefutables”.

El problema en este asunto, es que, como en casi todo donde la ignorancia manda, el hecho de no estar bien informados, reduce nuestra capacidad para tan siquiera preguntarnos si lo que nos dicen estos tíos con cara de sabios, será cierto o no. Pero en esto de las pinturas, sin que seas muy docto en arte gótico, lo principal, al menos, es ir a la fuente misma, mirar lo más cerca que puedas la obra pictórica o (si no puedes ir hasta Italia o a la ex-Yugoslavia)  conseguirte en Internet la imagen de las mismas, con la mayor resolución posible, y te darás cuenta del truco.

Claro, pero si lo tuyo es seguir creyendo todo lo que has visto en Canal 7 y en “Misterios Ancestrales”, pues NO te acerques mucho, te vas a desilusionar. Porque te darás cuenta que lo que te dicen que parece un platillo volador o naves nodriza llegados de otros mundos, son solo nubes o representaciones centellantes, con su presencia de serafines y angelitos, más no de enturbiados turistas de alguna lejana constelación en busca de conquistar la Tierra... (¿Para qué querrían estos seres ‘conquistar’ un pequeño planeta habitado por tanto loco?). 


Para no aburrirlos mucho, solo me limitaré a un par de pinturas, que son las más citadas por los teóricos en la tele o en los desopilantes documentales que vemos en History Channel.




En 1964, el estudiante de arte Alexander Paunovitch, se detuvo ante esta pintura en el monasterio Visoki Dečani (en la antigua Yugoslavia), donde se ve un Cristo crucificado. Y se quedó absorto con lo que sus ojos (y sobre todo su imaginación) le estaban presentando: eran dos objetos flanqueando la cruz, que “indudablemente” eran "un par de naves espaciales con sus pilotos" surcando el firmamento…  


Esto bastó para que los cazadores de pruebas de visitas siderales, salgan a pregonar el nuevo gran hallazgo, una nueva evidencia que nos asegura que la Tierra siempre ha sido visitada por seres de otros mundos... cosa que, como ya les dije, es algo que no niego, pero cuando salen con exageraciones como estas…

A ver, viéndolo bien, si nos acercamos un poquito, el de la izquierda es más como la representación de un Sol, fulgurante y rojizo, y el de la derecha es, sin discusión, una Luna en su cuarto de turno, con el agregado de unos brillos y resplandores… ¿Será? Pues, claro que sí. Porque en la Edad Media, una de las formas de representar el último martirio de Jesús, era colocarlo entre el Sol y la Luna, una fórmula pictórica que prevaleció hasta el siglo XV. Graficar los astros en cuestión, con rostros o con cuerpos, también era una constante en el arte Renacentista. Sino vean las siguientes obras que datan de aquellos mismos tiempos.  

   


Y esto se ha repetido cientos de veces, no solo en cuadros, sino también en grabados, murales y miniaturas, todas al alcance de los curiosos vía Internet, vía que, al parecer, los actuales "especialistas en ovnis" se resisten googlear.



Esta es la "Exaltación de la Eucaristía", de Ventura Salimbeni, de 1600, otro cuadro que despertó el entusiasmo de los marcianos locales, porque en él se ve, “indiscutiblemente” un satélite ruso.  El pariente más cercano que tendría este “extraño” objeto sería el histórico Sputnik 1, el primer satélite lanzado por el hombre gracias a la Unión Soviética, el 4 de octubre de 1957.  Según los cazadores de pruebas alienígenas, lo que se ve en este cuadro, es una pieza metálica brillante, esférica, con dos antenas bien agarradas por Dios y por Jesús… ¡Más irrefutable, imposible!




Igual, ese enorme balón, es la clásica representación que se le daba a nuestra querida Tierra en esos días, un mundo con los continentes en desorden, “un mundo en los principios de la creación”. Dentro de su superficie, se ve algo parecido a una T, pero invertida, que es una simbología que representa al planeta Tierra.
 
Eso que parecen antenas o varillas de direccionalidad, son Cetros, bastones celestiales en las manos de los Divinos, donde, nuevamente, si uno se acerca mucho mucho mucho, podrás darte cuenta que en su punta superior, hay una diminuta cruz. Y todos estos íconos y elementos, como en la anterior obra, también se repiten en cuadros de la época.

   
Así como en el caso del desbaratado mito de “el punk nació en el Perú”, este tipo de pruebas, están perfectas para sorprender a quienes no tenemos mucha información. Pero quedan totalmente arruinadas, cuando la información real nos llega o logramos capturarla. Muchas veces, el creer en “expertos” o en simples charlatanes (quienes con sistémica desvergüenza nos lanzan sus discursos), nos vuelven los re-difusores de una mentira, con lo cual perennizamos un engaño y terminamos contribuyendo a la confusión general.


MORALEJA: Pensar sigue siendo subversivo, amigos. La búsqueda de información, será la eterna búsqueda de la verdad. Ya lo dijo Confucio: “Pensar sin aprender, es esfuerzo perdido… Aprender sin pensar, es peligroso”.