miércoles, 28 de mayo de 2014

EL PAPEL HIGIÉNICO





UN ARTÍCULO QUE LE SACARÁ LA MIERRDD… A TODOS 



Yo recuerdo que cuando era chico, la época era muy apremiante por la escasez de ciertos productos. Y uno de estos productos que envolvía por su ausencia, era el Papel Higiénico. Al menos en mi casa no había. Tampoco había en casa de mis vecinos, ni en mi colegio primario, ni en la casa de mis compañeros de aula, ni en los restaurantes, ni en ningún otro sitio.

En donde podíamos verlos,  era en alguna exclusiva tienda donde se expendía como artículo de lujo, a precios francamente prohibitivos. Todos tenían en sus baños papel de periódico, de cuadernos, de archivos pasados, revistas, restos de guías telefónicas… Recuerdo que en uno de mis tantos trabajos que tuve, un taller de carpintería metálica, la gente se limpiaba con restos de tocuyo o con el cuero-tapiz, lo cual hizo que entrar al baño  -para mí- se volviera un asunto de aventura y de arrojo inmedible. 

Cuando en alguna ocasión, llegaba a mi casa un pequeño rollo con el bendito papel, y cuando algún invitado entraba a nuestro baño y veía tan maravillosa joya, éste salía extasiado! boquiabierto! deslumbrado!!... No cabía en su asombro que podía darle curso al desacostumbrado ejercicio de limpiar el asterisco con algo tan menguado como un poquito de papel higiénico.

Cuando trabajaba en un Estudio de Grabación (como “ingeniero de sonido”), llegaban cien clientes de todo tipo de música. En eso llegan los del grupo GUINDA, agrupación de cumbia muy famosa y de fuerte presencia en aquellos años 80. Y uno de sus cantantes, cuenta que, en una de esas noches normales y comunes de la Lima de bombazos y apagones, se le ocurrió a su huacha ponerse algo floja. En tan tremendo apagón, el amigo llegó al baño como pudo. Al notar que NO había papel, le pidió a su hijo que le alcanzara algo para proceder a la depuración respectiva del lucero de los desfogues… Al rato, su hijo toca la puerta y le alcanza un poco de papel. El cantante, en medio de esa lóbrega oscuridad, procede a la limpieza y se retira a dormir. Al día siguiente, ve que su cama estaba ennegrecida, sus sábanas negras, sus frazadas negras… se toca por atrás… y su mano retorna negra…. El muchacho, en la oscuridad, le había dado a su papá PAPEL CARBÓN… Y cuando el padre le pregunta que porqué le había dado ese papel, el hijo contestó: “Es que no me dijiste para qué lo querías”…..

Pero bueno, esas son las cosas que solían pasar ante la ausencia notoria y evidente del santísimo papel higiénico. Lógicamente, antes que se invente el papel, y antes que le den a esta pulpa de celulosa, el actual uso que le dan, había otras maneras de poner en práctica nuestra limpieza posterior. 

Los romanos usaban esponjas o lana, dependiendo del estatus social. Con la esponja, por ejemplo, pasaba que era un instrumento que lo ubicaban en los baños públicos. En realidad era un palo en cuyo extremo había una esponja que era usado por todos los “usuarios” (¿ah??). Lo cual hacía de esta gimnasia de ir al sanitario, una verdadera aventura. A menos, claro, que cada quien lleve su propio utensilio personal para limpiarse. En la edad media, el Heno era un recurso muy empleado. En días de diarrea familiar, las vacas se veían obligadas a hacer forzadas dietas.  En los EEUU usaban las mazorcas del maíz y telas viejas. Los esquimales, con tanto frío, usaban musgo y nieve, mientras que en la contraparte soleada, Hawai, solían limpiarse con algunas frutas o también con las cáscaras del coco... No quiero ni imaginarme eso.

Clásica herramienta para limpiarse, en la época de los Romanos


Como buenos exponentes de otro planeta, los chinos fueron los primeros en usar el papel higiénico, aunque estaba reservada solo para los emperadores. 

Hasta que llegó el día en que a alguien se le ocurrió inventar el papel enrollado, que si bien en principio NO se utilizó para la higiene, dejó sentado (valga la expresión) un gran precedente (valga la imaginación) para un futuro mejor. Y quien mejor que los norteamericanos para encontrarle el sentido empresarial al asunto y se comience a comercializar este papel para fines tan arteros y profilácticos.

Pero si, pz, es todo un rollo esto de nuestro querido papel higiénico y sus variables para la limpieza a posteriori. Hay quienes son más delicados y usan pañitos húmedos o toallitas perfumadas… Pero eso es ya…. OTRO ROLLO.  


domingo, 18 de mayo de 2014

PAUL MCCARTNEY, el MITO QUE NO DESCANSA





ALGUNOS APUNTES EN TORNO A UNA FÁBULA QUE AÚN SIGUE CON VIDA

Esta nota sobre Paul McCartney, pensaba publicarla antes, solo que el aludido anunció su llegada (nuevamente) al Perú y me vi en la forzosa exigencia de no subir nada, puesto que se vería como una promocional y muy ‘oportuna’ nota (más) acerca de uno de los dos Beatles que aún quedan vivos (el otro es Ringo Star… digo, por si ya lo olvidaron).

Pero esto va por el lado en donde se guarecen aquellos que continúan con la absurda idea de que Paul McCartney, "el verdadero Paul McCartney, y no este farsante”, murió en 1966, en un accidente de auto, y fue reemplazado por un doble, tan igual, talentoso y beatle ‘como el original’… Por favor…

el libro que sacó más de una roncha...
Parte de esto lo publiqué en mi cuarto libro (“Por las Olvidadas Raíces del Punk Rock”, editorial Kipuy, 2013), que levantó una serie de desnivelados epítetos provenientes justamente del sector menos afortunado en esto de ser mediana o enormemente pensantes, frustrando una serie de mitos y creencias absurdas en torno al rock and roll y –más específicamente- en torno al supuesto origen peruano del punk rock (¿ah?!!), desvarío mental de alto octanaje que quedó enterrado, quedándonos sólo con el recuerdo de las risas y burlas que provocó esta escuálida apetencia a nivel mundial. 


Pues bien, entre estos mitos históricos (y ridículos), estaba justamente éste, donde al pobre de McCartney lo terminan matando en Diciembre del 66. Este rumor comenzó a girar con más fuerza, cuando un eyector de bolas de nieve llamado Tom, llamó a una radio y arrojó el supuesto. Dos días después, el periódico Míchigan Daily (una especie de Popular o diario Chuchi) hizo una nota donde revelaba “nuevas pruebas” que demostraban que Paul McCartney murió en 1966, y que fue reemplazado por un músico frustrado que, tras un montón de operaciones de cirugía plástica, quedó igualito que Paul. Un sujeto a quien le enseñaron a cantar con la perfección de Paul, a ser zurdo como Paul, a volverse un sublime bajista, a ser chistoso y ocurrente como Paul y –lo mejor de todo- a tener tanto talento como para poder escribir joyas como Hey Jude o Let it Be (entre cien más) siendo luego el solista más espectacular y formidable que la historia del rock haya conocido. Cosa fácil, ¿no?



Pero para que los crédulos de estas historias no se sientan tan mal, les digo que en realidad, el 18 de Diciembre de 1966, SÍ hubo una muerte que tenía conexión con los Beatles. Se trató de un aparatoso accidente de auto (un Lotus Elan, color blanco,  vehículo muy parecido al Aston Martin que solía manejar Paul) que le costó la vida al heredero del imperio Guinness, el joven Tara Browne, muy amigo de los 4 de Liverpool. Tras aquella irreparable desgracia, algunos curiosos y reporteros, viendo que aquel cadáver tenía un parecido físico con Paul McCartney (el tipo ya estaba medio desfigurado), viendo el hermetismo con que todo se llevaba a cabo, y viendo que alrededor había mucha gente allegada al círculo Beatle, comenzaron a rodar la bola que uno de los Beatles había chocado su auto y se había muerto. John Lennon inmortalizará este penoso incidente en una de sus canciones más bellas: “A Day in the Life”.


No dudo que los promotores y publicistas de la compañía que dependían del talento Beatle para seguir viendo sus bolsillos llenos, vieron en este rumor, el perfecto caldo para hilvanar toda una madeja de teorías y asertos que terminaron siendo graficados de mil maneras, en fotos “comprometedoras”, en las portadas de los discos, en las películas, en las letras de algunas canciones… Es decir, dando “pistas” interesantes como para que el curioso siga sumando “pruebas” y emociones, y pueda reforzar la ingeniosa idea de una supuesta muerte en el seno del grupo número uno del mundo, para seguir manteniendo el interés y las ventas. ¡Ni a Favre se le hubiera ocurrido!

Lo que no intuyeron estos magos de la publicidad, fue la longevidad de esta “conspiración”. Pues junto con la Conspiración Judía o el Complot Extraterrestre, el ocurrente “Paul está Muerto” es de las Teorías de la Conspiración más grandes y que ha sabido mantenerse ileso a lo largo de varias décadas, concitando nuevos adeptos y nuevos detractores, quienes hasta el día de hoy, siguen formulando “nuevas pruebas” o nuevas desmitificaciones, según el bando en que estés, al punto de seguir leyendo las más risibles ocurrencias en Internet, como: “Yo soy beatlemaniaco, pero ni cagando voy a ver a ese embustero. El verdadero Paul murió hace años. Y este que viene, no es más que un sustituto”. …Mierda ¿dónde puedo conseguir sustitutos así?...

Pero bueno, como siempre lo digo, primero, antes que creer en cualquier chistosada que pretenda endilgarnos algún infradotado, es preferible pensar un poquito más las cosas, antes que termines cayendo en las garras de la burla más infame o en el lapidante bullying de la ecuanimidad.


"Muchachos, les juro que no he muerto!"

sábado, 10 de mayo de 2014

ENTRE MADRES, AJOS y DESMADRES











PEQUEÑO (PEQUEÑÍSIMO) COPENDIUM ACERCA DE LA GROSERÍA 

Entre todas las figuras o recursos literarios que pueblan el gran espectro del lenguaje, las llamadas “lisuras”, son un sector que, con el tiempo, ha venido a ocupar un digno puesto entre las más usadas y recurridas. Es que, claro, con ellas simplificas muchas cosas, y hasta eres, en algunos casos, mucho más expresivo que con un discurso un poco más, digamos, ‘técnico’.

Lisura es, según una de sus acepciones medianamente usadas, la ausencia de asperezas o arrugas en una superficie. Por ejemplo: “Ese alcalde es buenísimo, nos dejó la pista con una lisura envidiable”. En otro sentido, ‘lisura’ se conjuga como algo verdadero, como ‘sinceridad’ (ejemplo: la lisura de su mirada me conmovió de sobremanera). Pero dejándose de huevadas, la lisura es, en nuestro acervo local y emotivo, una palabra o una acción ‘grosera’; un término ‘malsonante’ que puede tener un rol positivo, como también uno infame.


¡VÁYASE UD. AL CARAJO!

Según el sabio Marco Aurelio Denegri (indiscutible ídolo de las multitudes), “carajo” tiene más de mil años, y es uno de los primeros sobrenombres que tuvo nuestro consentido miembro viril. De todos modos (al igual que con el término “rock and roll”) otro de los usos reiterados de esta poderosa palabrita, estuvo navegando en los barcos, desde los primeros marineros que surcaron el mundo.

En efecto la palabra "carajo" designaba también a la canastilla que se ubica en las alturas del mástil principal de las carabelas o de cualquier barco a vela de aquellos días, que es donde va situado el puesto del vigía. Este puesto, al menos para aquellos marinos novatos, era el menos deseado, por el terrible bamboleo que produce el mar.

Cuando en el barco, alguien se portaba mal, uno de los ‘castigos’ era mandarlo a aquel puesto de vigía, vale decir ‘lo mandaban al carajo’. De ahí viene la expresión “¡Váyase ud. al carajo!”.

Con el tiempo, ‘carajo’ estuvo en nuestras frases, tanto por sus contornos eficientes y buenos, como por sus lados negativos. “Esta comida está más buena que el carajo!”… “Mi equipo de fútbol ya se fue al carajo!”… “Pero tío ¿a ti que carajos te importa lo que diga ese huevón?”… "¿Pero qué carajo ha cobrado ese árbitro?”

 
A LA MIERDA LO DEMÁS 

De chiquitos aprendemos a distinguir las palabras ‘buenas’, de los términos ‘malos’. Sobre todo si vives en barrios donde si no dices lisuras, eres un huevón. Y otro de los términos más populares e históricos, es ‘mierda’, una palabra que, desde siempre, se le asoció al excremento humano. Hasta donde se ha estudiado, era exclusivamente sobre las deyecciones humanas, no de los animales. Y sus orígenes se plantan desde que el Latín se fue transformando en castellano.

Joan Ramón Saavedra Corominas, en su Diccionario Crítico Etimológico castellano e hispánico, no ofrece ninguna documentación acerca de los primeros y primitivos momentos para tan real vocecita, y solo se limita a señalar que se trata de una palabra presente en el habla española desde los orígenes de la lengua y desde nuestras más profundas defecaciones.

Al igual que con ‘carajo’, la cosa viene bien por donde lo agarres, ya sea como adjetivo (“eres una mierda”), como expresión emotiva del momento (¡mierda! ¿Qué pasó ahí?”), como piropo de cloaca (“Te amo como mierda”) o como mejor te acomode (“Esa canción me gusta como mierda”, “Ese Festival salió hecho una mierda”, “¿Y qué mierda dijo ahora nuestro Presidente?”, etc, etc).


SON HUEVADAS, TÍO…

Huevón es el que se comporta excesivamente calmoso, sosegado; aquel que tiene reacciones demasiado lentas. Cuando uno está en un aplatanamiento total y lerdo, pues se dice que está “ahuevado”.  Cuando alguien habla estupideces, se dice que ‘habla huevadas’. Mientras que ‘hueviar’ significa ‘pasar el rato sin hacer ni mierda’.

En algunos diccionarios, el término ‘huevón’ está puesto como un ‘chilenismo’, algo que los vecinos del sur nos dejaron a su paso por Perú, desde sus primeras invasiones en 1836. Pero en realidad ‘huevón’ es un vocablo que viene paseándose desde México hasta estas sudamericanas tierras, desde hace ya una buena punta de historias. En México, por ejemplo, un huevón es alguien tonto ‘porque le pesan los huevos’, pero también lo conjugan como ‘haragán’, ‘flojo’. En Chile, un huevón es alguien que se comporta como idiota, porque ‘los huevos no lo dejan pensar’ (verbigracia: el amor te pone así). En Venezuela se opta por garrapatear “guevón”, con G, para diferenciarlo del producto avícola y reptiliano.
  
En nuestras desorbitadas calles, en una conversación amical y sin mucha pompa, la palabrita ‘huevón’, saldrá disparada a cada momento, dependiendo del grado de confianza que podamos tener con nuestros eventuales interlocutores. (“Huevón, no te pases, esa canción que has hecho está muy paja!”… “Huevón, esa hembrita ta’ que te hace ojos hace rato”… “No seas huevón, primo, sal a buscarla, te apuesto que te da bola”… “¿Pero cómo chucha ha fallado el penal ese huevón?”)
 
La aféresis más común entre los peruanos (también entre los chilenos), es el clásico ‘on’, aféresis que utilizamos casi como muletilla a la hora de conversar con cualquier cristiano o antirreligioso que se nos cruce: “Habla, on… ¿cómo estás?”, “A esos sitios no voy, pe, on… Ta muy lejos”… “No, pe, on, esa hembrita ya no me interesa”... “Si, on, una lástima, ese negocio nos salió por el culo”…


DEJEMOS DE HABLAR COJUDECES 

Si uno está acostumbrado a meter sus narices en los más voluminosos diccionarios del mundo, verá que “cojudo” resulta en “animal que no ha sido castrado”, vale decir, que no ha perdido sus cojones. El problema es que si te toca un profesor cojudo que solo se limita a las conceptualizaciones que le brindan aquellos gordos textos (muchas veces escritos por cojudos), pues te contagiará su cojudes y saldrás del colegio más cojudo que cuando entraste.

Cojudo es uno de esos vocablos que, a decir de los conocedores, es uno de nuestros peruanismos más peruanos del cual deberíamos sacar pecho, mucho más que del ceviche o la papa amarilla. “Cojudo” es de uso coloquial, desdeñoso e insultante, y también se usa como sustantivo. Cuenta con una morfología y sexualidad que te permite usarlo por el camino que quieras: O es cojudo o es cojuda. Como adjetivo calza genial.  “Ese vecino tuyo es un cojudo”, “No te pases, tío, no seas cojudo!”, “Ese pata solo habla cojudeces”…

En el norte peruano, la gentita calurosa y sofocada, bebe su chicha en lo que llaman (desde tiempos lejanos) “cojudo de chicha” o “cojudito”, o también “poto” (otra palabrita interesante). Para quienes han tenido la oportunidad de beber algo en estos soportes, se habrán dado cuenta que tiene una forma muy particular, y su parecido a unos testículos nos dan la pista para este nombre tan significativo.   


Luis Felipe Angell, peruano, escritor, destacado humorista, más conocido como Sofocleto, editó en los 70’s, “Los Cojudos”, toda una encíclica acerca de esta raza de impropios y desfasados que, como anotó en su libro: "Dios hizo a los cojudos para que los demás peruanos no se murieran de hambre."

En este formidable texto de recomendable búsqueda, el gran Sofocleto nos cojudea de la siguiente manera: “Nadie se atrevería a sostener, por ejemplo, que la palabra “cojudo” es de origen griego o que en algún remoto idioma quiere decir “crepúsculo”. No. Cojudo quiere decir cojudo, a secas. Y, si bien para algún campesino español este vocablo sólo se refiere a un “animal no castrado”, en el Perú, por razones que algún día quedarán al descubierto, casi diríamos que pertenece al patrimonio nacional. Porque entre nosotros la palabra “cojudo” se ha sublimado hasta alcanzar niveles sensoriales y características de ser vivo. Aquí en el Perú la cojudez se respira, se huele, tiene color y temperatura, dimensión, forma y hasta sabor. Más allá del idioma, la cojudez nos penetró en la sangre y, a través de ella, nos invadió el cerebro. Poco a poco nos fuimos impregnando de cojudez en todas sus posibilidades y variantes. Hicimos de ella un verbo, un adjetivo, un sustantivo, un título, una marca de fábrica y una gallarda frontera que separaba a los demás cojudos de nosotros. De la noche a la mañana comenzamos a fabricar cojudos en serie, exportando a los más completos (muchos de ellos a través del Servicio Diplomático) para infiltrar la cojudez en los países vecinos. El clima, el aire, el mar de nuestras costas, los microbios, el agua, el cielo e, inclusive, los rayos de la Luna al cruzar por la atmósfera, todo se volvió cojudo en el Perú, hasta que un día, de la manera más cojuda, comprendimos que no teníamos alternativa ni salida.” (Sofocleto – Los Cojudos)


Pero bueno, la lista de palabrotas es larga, eso lo sabemos. Solo espero no haber cojudeado a nadie y mandarlos al carajo con esta nota que -entre nos- solo intenta contribuir al buen hablar de nosotros los malsonantes, como para que no nos terminen mandando a la mierda cada vez que decimos alguna que otra huevada.



domingo, 27 de abril de 2014

EL VASO MALDITO y LA VECINA DEL PISO CONTIGUO



Lo compré en una de esas ‘gangas’ que suelen exhibir en los aparadores, uno de esos monstruos de la buena venta y las buenas liquidaciones que últimamente se van reproduciendo como hongos en todo el país. Era un vaso destinado a qué se yo… porque de pompas sociales no sé mucho. Sé que hay copas y vasos para cada ocasión, pero como buen rudimentario que soy, yo uso cualquier vaso para la gaseosa, el jugo o para el agua a la hora de lavarme los dientes.

Lo que pasa es que me gustó su pinta, sus tornasoles extraños y lo sólido de su estructura. Tenía cuerpo hexagonal, pero su boca (¿se dice así?) tenía doce lados. Me pareció curioso y lo llevé. Lo puse en uno de los aparadores con paredes de vidrio que está en la cocina, junto a las copas, vasos, tasas y demás vituallas para el brindis del momento, cosa que lo miraríamos todos los días, mientras cocinábamos, le dábamos de comer a los gatos o lavaba la vajilla.

Y es que el comercio y el protocolo social, nos instruyen y aclaran que hay vasos y copas para cada momento. No se permite beber un poco de agua en una copa destinada al vino o tomar champagne en un garrafón chelero, o beber Wisky en una taza. Las damas y los caballeros del rito social, se molestarían contigo. 



Pero bueno, a los dos días, a mí se me cae un plato y se hace cien pedazos. Mi mujer entró corriendo a la cocina y me preguntó qué había ocurrido… Le dije que se me había resbalado un plato mientras lo lavaba, y se exaltó como nunca, me dijo mi vida entera (la parte menos bonita) y yo, como cojudo, le comencé a responder cual troglodita y todo eso acabó en un zafarrancho que terminó con mi clásica y silenciosa salida de la casa para evitar tragedias mayores.

Al rato regresé y la encontré más calmada. Yo también ya estaba menos huevón, y nos abrazamos un rato, y todo solucionado. Carajo, ni que fuera un plato herencia de una bisabuela que lo trajo de Tarapacá a inicio del 900… o que fuera parte de una invaluable colección de la dinastía Ming!... 

Pero lo extraño es que –con mi sosegada consorte- comenzamos a tener peleas por demás idiotas. Cualquier minucia servía de detonante para agarrarnos en dialécticas trompadas, y ver quién tenía el volumen más alto a la hora de la discusión. Y todas acababan con mi clásica salida de la casa y comencé a tener por costumbre dormir en las bancas del barrio, esperando que amanezca, y que el nuevo día traiga un poco de sosiego al hogar, ese hogar que con tanto esfuerzo hemos estado levantando.

Alguien que nos visitó, muy sensible él, nos dijo que en la casa había una carga extraña. No era la clásica cantaleta que hay espíritus raros o cucos que pasean su pena por la vivienda y que terminan contagiando sus malos humores a todos los residentes del inmueble. No. Esto era otra cosa. Era muy puntual –nos dijo. Nosotros (mi pareja y yo) somos bastante creyentes en estos asuntos. Tanto ella como éste desenfrenado pechito, hemos tenido experiencias o convivido con sucesos que escapan a lo tradicional, y nuestros encuentros con lo paranormal siempre han sido pan de cualquier día.

Y esto coincidió con un hecho extraño en mi edificio. Un día que salí de compras, como cualquier pastrulo de mi barrio, salió una señora de una de las ventanas de mi edificio y comenzó a gritar –dirigiéndose a mí- y dijo que yo estaba maldito y que me ayude Dios

Yo pensé que la señora –ya bastante entrada en años- había escuchado alguno de mis discos y había salido por su ventana a pregonar mi talento y mis buenas rimas, y que rubricaba su proclama con una bendición de su Dios, lo cual agradecí con una sonrisa y un ademán muy cortés.  Como cosa curiosa, en el edificio tampoco andaban muy cordiales las cosas. De pronto todos se ponían a discutir por cualquier nimiedad.   

Luego, en mi casa, en una tarde de limpiezas, estábamos sacando los vasos, copas y platitos del estante de la cocina, incluyendo nuestro singular vaso hexagonal por abajo y dodecágono por arriba. Y notamos que estaba más tornasolado que nunca. Es más, parecía que se estaba oxidando (si es que eso fuera posible), y estaba como ‘mutando’ a un color medio metálico. Nos pareció curioso, y lo dejamos ahí, en la mesa.

Y esa noche volvimos a estar de mal humor. Hasta los gatos de la casa (que son 3) se comportaban de una manera no tan habitual. Y en esta nueva pelea, ella se encerró en su cuarto (con todos los gatos) y yo me quedé en el comedor. Apagué las luces y ya me disponía a salir de la casa, cuando, en eso, vi el vaso ese que estaba en la mesa, lo agarré, y el dichoso objeto estaba tibio y tenía un refulgente aunque mediano brillo… Y justo cuando lo tenía en mis manos, suena el timbre de la puerta. Yo salgo con el vaso en la mano, y era la señora loca del piso contiguo, que apenas vio el vaso, se aterrorizó de tal manera que me dijo mi vida (la parte menos bonita) y que, si seguía con “eso”, ni Dios me iba a ayudar.

Miré el vaso, miré a la tía totalmente perturbada, y desde mi quinto piso bajé con el receptáculo por las escaleras… Me crucé con una vecina que no le gusta subir por el ascensor, y le mostré el vaso, ella lo vio y dijo… “¡Mira, tu vaso se está quebrando”. Y de verdad que el vaso había comenzado a dibujar notorias grietas, como si fuera a estallar. Yo lo seguía sosteniendo y la cosa comenzó a calentarse y a seguir agrietándose. De arriba la señora loca me gritaba (me imploraba) que de inmediato me deshaga de ese vaso maldito… 



Crucé la avenida y llegué hasta un parque. Allí vi a unos señores haciendo fogata. Aproveché aquella pira y lance el quebrado vaso a la hoguera… Comencé a oír el crujir de algo que se rompe y algo que asemejaba un sordos grito humano… O gritos de animal… O los dos combinados. Los señores que atizaban el fuego, me miraron con cara de susto y me dijeron “¿qué has tirado ahí, flaco?”… “Un vaso”, les dije… Y volvieron su vista al fuego y las llamas tomaron unas formas un tanto fantasmagóricas, obligando a los tíos a correr… Yo me quedé mirando el fuego y seguí oyendo cosas que no voy a repetir porque luego me dicen que ‘pa qué fumo’… Hasta que ya no se oyó nada. Nada más que el clásico crepitar de las ramas cuando arden.  



Me regresé a la casa y me encontré con toda la familia y algunos vecinos, como esperándome o esperando respuestas ante todo ese mediano alboroto que había acontecido. “¿Qué pasó?”, preguntaron. “Nada, solo fui a botar un vaso roto”. La vecina loca tenía otro semblante. Ahora lanzaba sus ojos con una sugestiva sonrisa. Era la mirada más amigable que le he visto a mi vecina. 

Desde ese día, volvió la calma a la casa y todo regresó a los carriles y a los equilibrios más normales y llevaderos. Incluso el edificio retomó su tranquilo caminar. 
Lo que es yo, ni más compro ni mierda sin consultarle antes a un parasicólogo o a la vecina loca del piso contiguo.            


lunes, 14 de abril de 2014

CUIDADO CON LOS MARCIANOS!!



 "El Milagro de la Nieve" - Masolino Da Panicale (1383-1440) otra  de las “pruebas” sobre la presencia de platillos voladores en  la antigüedad…  Si te acercas bien, son solo nubes.


Antes que entren los fundamentalistas de la sinrazón y me ataquen con insultos en lengua Klingon, me adelanto: Yo SI creo en platillos voladores, en sociedades de otros mundos, fantasmas, Pie Grande, viajeros en el tiempo, el Yeti, el Mounstro del Lago Ness, Casas Encantadas, Criptozoologías, los Duendes, Los Pitufos, Papa Noel, Popeye y la rana René. Pero también os digo: no creo en aquellos que tratan de endilgarnos todos estos sucesos misteriosos, barnizándolos con el acostumbrado tonelaje de sensacionalismo, teorías conspirativas y ganas de jodernos la vida con Apocalipsis adelantados. No hay que creer todo al 100%, pues siempre hay que reservar un pequeño dormitorio para que descansen algunas de nuestras dudas y podamos caminar con nuestros propios y modestos cálculos. No es bueno que creas todo lo que sale en Internet, hermanito. 

En la secundaria, ya que mi vicio era NO entrar a clases, solía estar metido en la Biblioteca del colegio (GUE Hipólito Unanue, Mirones, Perú). Me encantaba leer y re-leer todos esos textos de historia, literatura y arte. Y me volví todo un entusiasta en pintura Medieval. Y como también me gustaban todos esos rollos sobre visitantes de otros mundos y misterios ancestrales, pues el complemento de una buena información me libraba de tener que creer a pie juntillas, todo lo que los teóricos de los visitantes de otros planetas nos querían (quieren) plantar. 

Y me estoy refiriendo precisamente a toda esa pintura sacra del siglo XV, donde, según los teóricos de la marcianada, muchas de las obras de arte de esos días, plasmaban en sus lienzos, elementos e imágenes “totalmente perturbadoras” y que “no tienen explicación alguna”… Aunque si, claro, tenían SU explicación: la presencia innegable de los extraterrestres en aquellos vetustos lienzos. No había sombra para el titubeo, teníamos que creer sin chistar, pues las evidencias “son contundentes e irrefutables”.

El problema en este asunto, es que, como en casi todo donde la ignorancia manda, el hecho de no estar bien informados, reduce nuestra capacidad para tan siquiera preguntarnos si lo que nos dicen estos tíos con cara de sabios, será cierto o no. Pero en esto de las pinturas, sin que seas muy docto en arte gótico, lo principal, al menos, es ir a la fuente misma, mirar lo más cerca que puedas la obra pictórica o (si no puedes ir hasta Italia o a la ex-Yugoslavia)  conseguirte en Internet la imagen de las mismas, con la mayor resolución posible, y te darás cuenta del truco. Y te vas a desilusionar. Porque te darás cuenta que lo que te dicen que parece un platillo volador o naves nodriza llegados de otros mundos, son solo nubes o representaciones centellantes, con su presencia de serafines y angelitos, más no de enturbiados turistas de alguna lejana constelación en busca de conquistar la Tierra... (¿Para qué querrían estos seres ‘conquistar’ un pequeño planeta habitado por tanto loco?). 


Para no aburrirlos mucho, solo me limitaré a un par de pinturas, que son las más citadas por los teóricos en la tele o en los desopilantes documentales que vemos en History Channel.




En 1964, el estudiante de arte Alexander Paunovitch, se detuvo ante esta pintura en el monasterio Visoki Dečani (en la antigua Yugoslavia), donde se ve un Cristo crucificado. Y se quedó absorto con lo que sus ojos (y sobre todo su imaginación) le estaban presentando: eran dos objetos flanqueando la cruz, que “indudablemente” eran "un par de naves espaciales con sus pilotos" surcando el firmamento…  
Esto bastó para que los cazadores de pruebas de visitas siderales, salgan a pregonar el nuevo gran hallazgo, una nueva evidencia que nos asegura que la Tierra siempre ha sido visitada por seres de otros mundos...

A ver, viéndolo bien, si nos acercamos un poquito, el de la izquierda es más como la representación de un Sol, fulgurante y rojizo, y el de la derecha es, sin discusión, una Luna en su cuarto de turno, con el agregado de unos brillos y resplandores… ¿Será? Pues, claro que sí. Porque en la Edad Media, una de las formas de representar el último martirio de Jesús, era colocarlo entre el Sol y la Luna, una fórmula pictórica que prevaleció hasta el siglo XV. Graficar los astros en cuestión, con rostros o con cuerpos, también era una constante en el arte Renacentista. Sino vean las siguientes obras que datan de aquellos mismos tiempos.  

   


Y esto se ha repetido cientos de veces, no solo en cuadros, sino también en grabados, murales y miniaturas, todas al alcance de los curiosos vía Internet, vía que, al parecer, los actuales "especialistas en ovnis" se resisten googlear.



Esta es la "Exaltación de la Eucaristía", de Ventura Salimbeni, de 1600, otro cuadro que despertó el entusiasmo de los marcianos locales, porque en él se ve, “indiscutiblemente” un satélite ruso.  El pariente más cercano que tendría este “extraño” objeto sería el histórico Sputnik 1, el primer satélite lanzado por el hombre gracias a la Unión Soviética, el 4 de octubre de 1957.  Según los cazadores de pruebas alienígenas, lo que se ve en este cuadro, es una pieza metálica brillante, esférica, con dos antenas bien agarradas por Dios y por Jesús… ¡Más irrefutable, imposible!




Igual, ese enorme balón, es la clásica representación que se le daba a nuestra querida Tierra en esos días, un mundo con los continentes en desorden, “un mundo en los principios de la creación”. Dentro de su superficie, se ve algo parecido a una T, pero invertida, que es una simbología que representa al planeta Tierra.
 
Eso que parecen antenas o varillas de direccionalidad, son Cetros, bastones celestiales en las manos de los Divinos, donde, nuevamente, si uno se acerca mucho mucho mucho, podrás darte cuenta que en su punta superior, hay una diminuta cruz. Y todos estos íconos y elementos, como en la anterior obra, también se repiten en cuadros de la época.

   
Así como en el caso del desbaratado mito de “el punk nació en el Perú”, este tipo de pruebas, están perfectas para sorprender a quienes no tenemos mucha información. Pero quedan totalmente arruinadas, cuando la información real nos llega o logramos capturarla. Muchas veces, el creer en “expertos” o en simples charlatanes (quienes con sistémica desvergüenza nos lanzan sus discursos), nos vuelven los re-difusores de una mentira, con lo cual perennizamos un engaño y terminamos contribuyendo a la confusión general.


MORALEJA: Pensar sigue siendo subversivo, amigos. La búsqueda de información, será la eterna búsqueda de la verdad. Ya lo dijo Confucio: “Pensar sin aprender, es esfuerzo perdido… Aprender sin pensar, es peligroso”. 



lunes, 7 de abril de 2014

UNIÓN CIVIL, Ya!



"Hasta el día de hoy 
no se ha encontrado el gen o ADN gay,
 sólo existe XY (Hombre) y XX (mujer). Ergo,
no se puede hablar de derechos humanos".
(Congresista Julio Rosas - 2014)

Sabemos bien que entre los más altos puestos de la patria, tenemos unas joyas del desempleo neuronal que, francamente, nos avergüenzan de sobre manera.  Lo dicho por el Congresista Julio Rosas (fujimorista), no solo raya lo idiota, sino que es uno de los más claros síntomas de una clase política tan venida a menos y tan embarrada en la ignorancia y lo perverso que, la verdad, solo queda agregarlo a la vitrina donde se exhiben los más pintorescos lapsus brutus de nuestra era republicana.

 
Conocidos también son las declaraciones de otro iluminado congresista de la mancha de Keiko, el sr. Carlos Tubino (ya viene con chapa gay desde el nacimiento el pobre hombre), donde lanza cosas como “la nuestra es una sociedad anti-gay” o la contundente “los combatiremos!”…. ¿Ah?

Por otro lado, está el siempre combativo Cardenal Juan Luis Cipriani, quien propuso un referéndum para que la gente termine decidiendo si las parejas del mismo sexo deben ser constitucionalmente protegidas bajo la estampa de la llamada Unión Civil. Lógicamente, este extravío mental de niveles eclesiásticos, no corre, por la sencilla razón que los derechos de las personas no pueden ser sometidos a un referéndum. 

Enrique Pasquel, el editor adjunto de Opinión, dijo: “El cardenal, sin embargo, no entiende esto. Él, argumentando contra la Unión Civil, señala: “La propuesta de la naturaleza y de Dios es la unión de un hombre y una mujer en matrimonio”. En esta discusión, sin embargo, no tiene cabida ni Dios ni el diablo. Hasta donde recuerdo no vivimos en Irán o en otra teocracia fundamentalista. Vivimos en el Perú, un Estado laico, por lo que las creencias religiosas de la mayoría no deberían importar ni un pepino al momento de discutir qué derechos tiene cada uno. Si no, ¿por qué no prohibimos legalmente y de una buena vez el sexo prematrimonial, el divorcio, el uso de preservativos y la masturbación? ¡A la cárcel los onanistas!”.

Esto último, lógicamente, me puso en incómoda situación. Ir a prisión perpetua por la simple maniobra de jalarse la tripa, pues ya me parece muy inmoderado, ¿no?. Así que resolví enfundarme en esta causa que, puede tener algunos baches y muchos espantos, pero en general, la Unión Civil, me parece una iniciativa necesaria y urgente. No es posible que dos personas, que han hecho un hogar, pertenencias propias o establecer un próspero negocio, a la muerte de uno, el otro quede en total desamparo, y vea con impotencia, cómo los familiares de su pareja, más aún si solo son unos zánganos perdedores sin rumbo ni orientación, te tumban la puerta, y se quedan con todo bajo el amparo de la actual legislación. No pues, tío, no jodan!

Y lo más gracioso ha sido un Comunicado apostólico que, no solo lo han lanzado con mueca de ultimátum, sino que recurren a un libro como La Biblia, para respaldar semejantes posturas homofóbicas y totalmente antagónicas frente a los Derechos de las personas. Ah, cierto, me olvidaba, los homosexuales “no son personas” (plop!).

Pero citar a la Biblia, un libro bastante antiguo y que respeto mucho, no es muy inteligente, puesto que el consabido rollo de seguir sus mandatos al pie de la letra,  en muchos puntos, solo conlleva a generar un clima de violencia y terror, peor que cualquier película de Rambo  


“Si una joven se casa sin ser virgen, morirá apedreada” (Deuteronomio 22:20, 21).
“Si un esclavo está contento contigo, tomarás un punzón y le horadarás la oreja y te servirá para siempre. Y lo mismo le harás a tu esclava. (Deuteronomio 15:16-18).
“Si alguien tiene un hijo rebelde que no obedece ni escucha cuando lo corrigen, lo sacarán de la ciudad y todo el pueblo lo apedreará hasta que muera” (Deuteronomio 21:18-21).
“El que tenga los testículos aplastados o el pene mutilado no será admitido en la asamblea de Yavé. hasta la décima generación” (Deuteronomio 23:1, 2).
“Si un hombre yace con otro, los dos morirán” (Levítico 20:13).
“Si un hombre toma a una mujer y a la madre de la mujer, se les quemará a los tres” (Levítico 20:14).
“El que no obedezca al sacerdote ni al juez morirá” (Deuteronomio 17:12).
“Si un hombre hiere a su esclavo o a su esclava con un palo y los mata, será reo de crimen. Pero si sobreviven uno o dos días no se le culpará porque le pertenecían” (Éxodo 21: 20).





Yo estoy totalmente convencido,  que si Jesús (un tipo que me cae muy bien) estuviera por estos lares, estaría no solo abogando por los derechos de las parejas homosexuales y trans, sino que, solo para molestar a escribas y fariseos hipócritas, participaría activamente en Marchas del LGBT y en los Corsos Gays del 28 de Junio. Es más, haría su banda de rock y cantaría las más insolentes canciones anti-eclesiásticas, y combatiría a los pedófilos que hablan en su nombre. Faltaba más.  

Pero bueno, antes que comiencen a concluir que mi apoyo por esta iniciativa que busca formalizar a las parejas del mismo sexo, se debe a que piensan que “pateo con los dos pies”, pues siento desilusionarlos, hermanitos, pero soy tan macho como cualquier macho que sea macho (y bien macho, con ventaja y zapatón), pero mi filo quijotesco y romántico me hace –como siempre- subirme a embarcaciones que suelen estar en constante peligro de naufragio; siempre estoy abrazando motivos tan dispares y tan impopulares que, ya lo decía mi mamá, me llevarán a la ruina más total, no solo social, sino también moral y celestial, contracorriente que me conducirá sin remedio, al más calentito de los infiernos.

Gracias a Dios, soy Ateo, y no me preocupa mucho si me amenazan con el Diablo o con un Tártaro post-mortem, puesto que este pechito de heterosexual reprimido, solo puede decir que nadie (nadie) puede siquiera imaginar que podrá imponerle a otro su particular visión de la vida, o su particular visión sobre la Ley. Sabemos también que, sobre puntos como estos, todo lo podrían arreglar con un buen Notario, pero también sabemos que este es el mundo de los gestos y las posturas, y eso es muy importante a la hora de pretender una sociedad más justa y más equitativa, pues la Ley, una señora miope y ya entrada en edad, a veces no se da cuenta que debería atendernos a todos por igual y, sobre todo, en idénticos planos nomológicos.