martes, 3 de noviembre de 2015

ENCONTRANDO IDENTIDAD ENTRE LA "MONERÍA IMITATIVA"


foto: Caretas, Mayo 1982






En estos días, para tranquilidad de mi alma y mi cordura psiquiátrica, varios escritores locales se han propuesto desbaratar toda esa serie de vergonzosas retahílas que pretendían ubicar a nuestro país como el origen de muchas de las corrientes musicales que hoy pueblan el universo sonoro en el mundo. Ya era hora, pues hasta hace un año, cada 3x4 saltaban una sarta de energúmenos ciudadanos lanzando orondos y descarados axiomas donde encontrábamos que el heavy metal se inventó en el Perú, que la fusión es una ocurrencia local, que Melcochita le enseñó a cantar a Jim Morrison o que el punk rock se inventó en Lince… A esto podríamos incluir un par de notas y un libro de mi autoría sobre estos temas que, en el desbarrancado atolondramiento de los mitómanos, algunos no han tenido más remedio que aceptar que exageraron un poquito, y reconocer que el heavy no es cholo y que el punk nunca fue una genialidad peruana.



La verdad, nuestro país suele estar siempre en la cola y en la monería imitativa, antes que en el desarrollo de una identidad local y propia. Precisamente, hace una semana subí al Muro de esa comunidad de Facebook llamada FaceRock, una nota aparecida en la revista Caretas, en Mayo del 82, donde se hablaba de “una fiesta punk”, eventos que ya se daban en nuestra ciudad desde 1979, donde el requisito inapelable para entrar, era que tenías que disfrazarte de punk. Por supuesto, entre la concurrencia debe haber habido (tiene que haber habido) alguien a quien el punk le haya interesado de manera menos frívola, y buscaría saber qué se siente estar con un atavío punkeke y estar rodeado de imperdibles, corbatitas delgadas y de tanta gente vistiendo tan rebeldes y relampagueantes uniformes.

Foto: Caretas, Mayo1982


Yo entendí siempre que el punk, antes que los mechones coloreados, los mohicanos atrevidos y la música atronadora, era una actitud ante el mundo; una manera de encarar la furia y la hostilidad de un planeta que nos cantaba en todos los idiomas, que tus sueños nunca se van a cumplir. Era la búsqueda de un espacio, de un lugar donde poder sentir que uno no estaba solo. Muchos, en ese inmenso y sordo aislamiento, al menos queríamos saber a qué suenan los Ramones y qué volumen tienen los Pistols. Recuerden que era finales de los 70s e inicio de los 80s, todavía no había Internet y el Cable no era lo que hoy es. Por lo tanto, conseguir música era imposible. Al menos imposible para tipos como yo, que sólo podríamos acercarnos a los fenómenos del rock a través de alguna nota en una revista o teniendo la suerte de contar con un amigo que tenga discos. Así que, en parte, el chiste de ir “a esas fiestas”, era poder saber a qué suenan los Buzzcocks, cómo son The Jam y conocer el nuevo sonido que traían los New Waves y los tecno-pop’s.
  
Antes de la aparición en Lima del llamado Rock Subterráneo, las pintas “punkis” las encontrábamos únicamente en las fiestas de El Mediterráneo (en Miraflores), la No Disco (en Shell) o en la BizPix (en Pardo). Nunca estuve en esos lugares. No tuve la suerte o el dinero para ir a esos sitios. Pero es innegable que, nos guste o no, fueron ésos los territorios donde algunos iniciaron sus correrías por el mundo del punk rock y de la música en general, y donde algunos, venga la paradoja, encontraron su identidad entre tanta “monería imitativa”. 
(Daniel F)


lunes, 3 de agosto de 2015

SOBRE ETIQUETAS, ESTRANGULAMIENTOS y MITOS

Los apelativos que le ponen a determinadas corrientes musicales, en muchos casos, suelen definir muy bien el sonido de quienes se apuntan con estas tendencias (por ejemplo: el Blues, el Tango, el Rap, el Hip Hop, el Reguetón, el hardcore, el Jazz… son membretes donde no suele darse ninguna sorpresa a la hora de oír a los artistas que responden al mote). Pero cuando escuchamos que una banda hace “punk” o hace “rock progresivo” o “rock clásico” (¿?)… la verdad, se está un poco perdido. Extravío sónico que se da al menos entre quienes sostenemos una idea mucho más amplia e ideológica, acerca de estos nobiliarios apelativos.

Sobre esto hablé ayer con mi compadre Quique Max Rockero, un espléndido miembro del grupo de Facebook llamado Face Rock, un sitio donde la sabiduría acerca de los predios del rock and roll, navega sobre niveles francamente envidiables y didácticos. Y ahí puse que las bandas setenteras del punk rock, hacían un tributo innegable a la década de los 60’s: The Jam eran los Who, los Pistols eran MC5 y los Ramones eran unos achorados Beach Boys. Le dije que mi banda favorita de aquella mancha, sigue y seguirá siendo The Stranglers, unos maleadazos herederos del garaje que incluía teclados, canciones largas y muchas ganas de caer mal, con un sonido oscuro, como de novela policial, letras nada intelectuales ni sesgos politizados.





La industria de la música, cuando ve algún fenómeno que no entiende, pues, para comenzar, le asesta de frente el mote de “underground” (subterráneo), mote provisional hasta que la banda se “cuaje lo suficiente” como para después recibir una etiqueta mucho más determinada. Cuando los Stranglers comenzaron a dar concierto tras concierto desde 1974 hasta 1976 (un par de años donde dieron –dicen- más de 350 shows), fueron admitidos en la parcela del llamado “Pub Rock”, un refugio por donde transitaban docenas de bandas con un sonido tan particular y tan desgarrado, que se les identifica como el antecedente más preclaro de lo que luego sería el punk rock inglés. En ese “rock de pub” hervían los Dr. Feelgood, The Wild Angels, Brinsley Schwarz, Graham Parker and the Rumours, Egg Over Easy, The 101, etc... Y ahí fueron a parar los Estranguladores. Pero esto fue sólo hasta la llegada oficial del punk rock, porque ya para 1976-77, la Industria los envolvió en el costal del punk. Claro, luego, en los 80’s, la misma Industria que bautiza y re-bautiza propuestas, los llamó “New Wave”… Y luego “Góticos” (¿?)….




Mi amigo Quique tenía una historia un poco rara acerca de mi vida musical. Él pensaba que yo había comenzado a caminar por las medusas del rock, envuelto en rockerísimos aires de punkrocker. Y que luego “fui seducido por el rock progresivo”, lo que hizo que mis discos comenzaran a destilar una apuesta ideológica mucho más neurótica y mucho más elaborado en las llanuras musicales. Cuando en realidad ha sido totalmente a la inversa. Yo comencé enamorado del rock progresivo, y en el camino me encontré con el punk rock. Yo crecí como muchos otros muchachos que nacieron en los albores de los 60’s, escuchando Beatles, Stones, Cream, Hollies… Luego Woodstock, el hipismo, el rock progresivo, el Kraut Rock, el Glam, etc, etc. Desde los 70s estoy enamorado de Pink Floyd, Rod Stewart y T.Rex. Así que cuando llegan los 80’s, y me toca colaborar con el caos sonoro de la ciudad, formo una banda donde nadie sabía ni tocar un radio, y comenzamos a hacer rock and roll, con la misma displicencia y entusiasmo que reinaba en el corazón de muchos adolescentes en los 50’s.  La intención era ser una banda muy al estilo del Pub Rock, con los mismos estragos escatológicos de The Faces o las bandas de Glam. De pronto, alguien nos etiquetó como “grupo punk”. Razones: dicen lisuras, llevan casacas negras y tocan mal sus canciones… 

El problema es que esa calificación quedó. Quedó como un mugriento y misterioso Mito. Y por más que quisimos enterrarlo sacando un disco llamado “A la Mierda lo Demás – Asesinando al Mito” (1995), el mito sobrevivió. Para bien o para mal.

Es que los mitos siempre sobreviven. Son rémoras que se engarzan con luxuria de las paredes del entendimiento social. Entre la mancha subte de aquellos años, NADIE, ninguno de nuestros colegas de aquella gloriosa mancha del 85, nos calificaba (a Leusemia) como “punks”. Sólo algunos fans y –por supuesto, los miembros de nuestra insipiente industria- nos incluían en un fantasioso "mundo punk”. Nuestra apuesta era muy –digamos- muy “pasada de moda”, rendíamos tributo a los 60’s (en lugar de hacer un cover de Ramones, tocábamos Saicos), moríamos por los 70’s, por las bandas argentinas del 72-74, etc… Mientras Raùl, Kimba y yo, hablábamos de Roxy Music, Triumvirat o Chuck Berry, nuestros colegas hablaban de 7 Seconds, Minor Threat o Bad Religion.  A mí me jodían diciéndome “Bruce”… porque nunca ocultaba mi fanatismo por Bruce Springsteen y por sus baladas maravillosas. Es más, los coleccionistas de fanzines lo saben, porque hay lo que ahora llamamos “memes”, donde en un número de la revista "Punto de Placer", pusieron la foto de Bruce Springsteen con un globito donde se leía “No, amigos, no soy Daniel F, soy Bruce”… (Revista Punto de Placer-1985). -Nota Mental: Ahora saldrá algún idiota a decir que los memes se inventaron en el Perú...

Será por eso que suelo dedicar mi vida a descuartizar y enterrar mitos (los que leen mis libros, lo saben), y agradezco a esa feligresía que sabe apreciar el trabajo de los artistas por SU trabajo, mucho más allá de las etiquetas que te quiera imponer la IndustriaLa Industria o un descolocado Mito.        


Los 70’s, pee…. Época irrepetible, donde en cada rincón encontrabas joyas   

sábado, 27 de junio de 2015

TÍO, ¿ERES GAY?






por DANIEL F .... el machazo!



Ya que acostumbro a hacer artículos y hasta canciones a favor de la diversidad y la tolerancia, algunos despistados me preguntan: “Tío, eres Gay?”… Como si la respuesta fuera importante. Y siempre les digo lo mismo y con el mismo buen humor que me caracteriza: “NO, BABOSO”. No soy Gay, pero me solidarizo con su lucha. 

Para tranquilidad de los fans homofóbicos o para desencanto de los que pertenecen a la orilla del Arco Iris, les digo que aún NO di ese gran salto evolutivo que pondría a la humanidad en el más aspirado pansexualismo. Como ya lo dije en un anterior artículo, todavía sigo siendo un heterosexual de potrero, con todas sus pajas y todos sus ensueños. Un territorio del que difícilmente me vaya a mudar, así sigan viéndome en los desfiles del Orgullo Gay y apoyando las heroicas y necesarias marchas que buscan la Unión Civil. 


El problema conmigo, a pesar de mi indesmayable solidaridad para con mis amigos multicolores, es que sigo siendo DEMASIADO MACHO. Yo soy de los Machos que no ven telenovelas, detesto lo edulcorado y se rehúsan a aprender a bailar. Cuando acompaño a mi novia a ir “de compras”, me quedo por ahí, perdido, un poco como satélite abandonado, dando vueltas sin ningún sentido. Luego me doy cuenta que no soy el único, y veo a otros esposos, novios o hermanos, igual que yo, esperando que acabe tamaña faena. Por eso, en los centros comerciales debería existir un espacio para “los machos que esperan”, que incluyan mullidos muebles y revistas para hombres, una pantalla de televisión y amables señoritas que hagan que esta experiencia de ir “de compras con la consorte”, se vuelva una aventura un poquito menos tortuosa.


Por otro lado, en el mundo de la música, es muy sencillo sacar a alguien que es Gay, tanto por la música que escucha como por la que interpreta. Por ejemplo si escucha música clásica o Jazz Progresivo, es un tipo elegante, bastante hombrecito. Si escucha Punk Rock extremo o Heavy Metal, es definitivamente Machazo, tan macho como Halford y Freedy Mercury.

Si escucha a Silvio Rodríguez, Elthon John o Alex Ubago, es “delicado” y “sensible”... tirando para “medio chivo”. Si escucha afiebradamente Disco Music o canta con una efusividad exagerada “A quien le importa…”… pues algo debe suceder en sus calenturientas balumbas.

Pero si tiene el afiche de todos los muchachos de Combate y si no se contenta con aconsejarte acerca de tu cabello, sino que él mismo te quiere peinar… pues, eso es ya un escándalo de proporciones cipriánicas!

 

Pero bueno, como no soy Gay y el ejercicio de escribir también se ve como una gimnasia de mariconazos, acá nomás lo dejo. Chau!  

 

 

PD:  Y tú, amigo lector ¿cuánto marca el termómetro de tu asteriscósoro?
















sábado, 6 de junio de 2015

MODESTAS SUGERENCIAS PARA NO HACER UN PAPELÓN (MÁS) EN CHILE



Nuestra inefable selección de fútbol, al menos en las últimas décadas, se ha caracterizado por dar los más sonoros papelones en cuanto a competencias internacionales. Toda la nación ha presenciado a nuestro taciturno equipo, ocupar perennemente los últimos lugares en el concierto universal del balompié, mientras nuestros más jóvenes ciudadanos, jamás han visto a nuestra selección, clasificar a un Mundial.  Países como Venezuela, Bolivia, Jamaica o Ecuador andan diciendo que "gracias a Dios existe Perú…”, porque nuestra presencia les asegura que NO van a ocupar el último lugar... Este tipo de declaraciones, nos envuelven en la peor flema del oprobio. Por eso, yo, como buen ciudadano, patriota y consciente, estoy enviando a la Comisión Deportiva Nacional, unos modestos tips, a ver si así dejamos de enlodar nuestra delicada y masoquista sensibilidad blanquiroja. Por supuesto se aceptan otras sugerencias.



1- Enviarle al equipo rival, algunas de nuestras más conspicuas vedettes y enredarlos en ampays y alborotos. Esto hará que algunos equipos se vean disminuidos moral y psicológicamente, e incluso, tal vez hasta terminen retirándose del Campeonato. El único problema con este punto, es que nuestros jugadores (tan burros como siempre) van a querer participar de estos escándalos, lo cual (también) nos dejaría sin equipo.

2- Ver la manera de colocar -discretamente- un panel de vidrio irreflectante y velado entre los tres palos del arco. Esto hará de nuestra valla, la más inexpugnable del torneo.

3- Solicitar al Comité que, por ser Perú un caso especial, cada derrota nuestra nos de 2 puntos a favor, un empate 3 y un triunfo (lo cual sería una hazaña inenarrable) debería significarnos unos 5 puntazos. Ah, e insistir en comenzar el torneo con una ventaja de 3 puntos y 8 goles a favor.

4- Enviarle a las delegaciones rivales, sonoros comunicados como si hubieran sido lanzados desde la FIFA, diciendo que el evento de Chile se realizará en Bogotá, Colombia, lo cual haría que, al menos los primeros encuentros, los ganaríamos por walkover.

5- No jugar.



viernes, 22 de mayo de 2015

ESTANISLAO RUIZ FLORIANO

EL ÚLTIMO ROMÁNTICO EN UNA SEMANA QUE NO HA SIDO MUY ATENTA 



Estos últimos días de Mayo han sido devastadores. La muerte ha estado cosechando nuevos amigos entre el parnaso del rock local. A la lamentable desaparición física de Tito Rojas, de la banda Los Silvertons (16/5/15), se sumó la de Pancho Guevara, baterista de los Saicos (18/5/15), una bomba que, en lo personal, me golpeó demasiado y a quien –seguramente- le dedicaré un espacio en algún momento, cuando la congoja me deje. Ambos músicos, pertenecen a la gloriosa promoción de los años 60.



Pero el motivo de este artículo, es por otra triste noticia, la del fallecimiento de Estanislao Ruiz Floriano, una de las personalidades más insistentes y apasionadas por nuestro inestable circuito de rock, uno de esos tipos románticos que aparecen uno cada cincuenta años y uno de los pioneros en esto de la prensa underground (o “subterránea”) en el Perú. Su pluma estuvo recalcando hasta el último día de su vida por un encuentro con un circuito de rock con tonalidades propias, con una identidad y un reflejo que nos caracterice.

En 1972 edita una publicación llamada simplemente “Rock”, tan simple como un suspiro, pero tan sólida y contundente como una aplanadora. Desde esos días ya reclamaba un rock “cantado en castellano”, algo que, para muchos en la actualidad, les puede resultar inexplicable. Fue todo un precursor y un creyente acérrimo en aquella joven música que aún no terminaba de crecer.

Su vena insistente lo empujó a publicar más revistas: Rock del Sur, Rocka, New Wave, Son… Y hace muy poco, coronó su anhelo de publicar su primer y único libro: “No es Solo Rocanrol (el Lenguaje de la Ciudad)”, una serie de crónicas de aquellos años donde imprime su personalísima visión de este sonoro fenómeno de masas. Recuerdo que un día fui a la casa de Guillermo Llerena Godoy (otro fundamental en la música de este país) quien, a fines de los 70’s, me obsequió justamente un boletín llamado “Rock”, editado por Estanislao, donde anunciaba (o exaltaba) un nuevo conteo regresivo para el despegue de una escena rockera en el país. Aquel boletín catapultó mi imaginación y mi entusiasmo hasta los confines más inextinguibles. Vi que estaba por suceder algo en esta ciudad, algo grande, y yo quería participar de todo eso. Pocos meses después ya estaba dándole a los primeros ensayos con el futuro Leusemia.



Esta semana, definitivamente, no ha sido muy atenta, hubo ventiscas de fuego y ojos de tormenta… De la noche a la mañana, desaparecieron varios amigos muy importantes en la historia del rock local. Solo podemos decirles: GRACIAS, gracias por todo y a seguir en la pelea, tal como ellos siempre lo pregonaron.






miércoles, 13 de mayo de 2015

RÁPIDOS Y CONFUSOS - Mi día como impulsador

UNA LOCURA DE DEMENCIALES LOCURAS



El mundo de las empresas y el mercado, tiene sus propios códigos y jergas. Así que cuando la compañía de instrumentos musicales Music Market me dijo que necesitaba “dos impulsadores” para uno de sus días de remate y locura (“todo al 50 y hasta al 60%!!”), pues yo no sabía si querían que les consiguiera un par de desapacibles y rústicos fortachones para “impulsar” bultos o cargar corpulencias… o un par de señoritas de buenas formas y exorbitante glamour para “impulsar” los ojos y seduzca al boquiabierto cliente. Pasado el instante de confusión, les dije que yo, personalmente, me encargaría de llevar a estos antedichos e impulsados personajes.

Comencé a buscar guitarristas que conozcan del tema, pero por ser día martes y que el asunto era estar TOOOODO el día ahí, pues muchos dijeron que no. Pero logré conseguír al extraordinario guitarrista Max Antonio Peña, intérprete enraizado en la furia de los 70’s, que hace tributos a Sabbath y es parte de la banda del Dr. Poggy. Así que solo me quedó buscar el segundo elemento. Y para esto tuve que ir a la cola, en las afueras de la tienda. Allí encontré a Naldo, un compadrito que ya había visto tocando guitarra en el Centro Comercial Cantuarias. Le pregunté si quería chambear unas horas en la tienda, y ni huevón iba a decir que no. Listo, el equipo ya estaba completo, y estábamos totalmente decididos y resueltos ante el gran aluvión de clientes que ese día se esperaba.

Nuestro sector era el de guitarras y amplificadores. Nos pusieron amplificadores Fender Champion, Yamaha TR5, Pevey, Line6, Rumble, LowDown y la variable Mustang de la casa de Leonidas. Amén de todo el lote de amplis que estaban sembrados por la tienda. Guitarras habían mil, entre eléctricas y acústicas: Jackson, Yamaha, Gretsch, Takamine y cientos de Fender y su travieso hijito Squier. El asunto era orientar al cliente, hacer que prueben los instrumentos de su elección, que revisen bien lo que van a llevar, no empujarlos a comprar por comprar, sino que realmente sientan que el equipo que están llevando, es lo que realmente desean.



Las puertas se abrieron y comenzó el desquicio. Yo que pensaba simplemente sentarme a mirar y eventualmente pulsar alguna guitarra, de pronto me vi envuelto en una marea de consultas, preguntas, consejos, decisiones, advertencias, arbitrajes y correteaderas. Me vi ayudando a curiosos e indecisos, a desesperados y dudosos, a rápidos y confusos. “¿Cuál es mejor: Fender o Jackson?”, “¿Qué me recomiendas, este Mustang 2 o el Mustang 3?”, “¿Puedo probar este bajo?”, “¿Dónde están las trompetas?”, “¿Por qué la guitarra tiene 6 cuerdas si mi mano derecha solo tiene 5 dedos?”,  “¿Por qué para apagar mi compu, hay que ir al botón de INICIO?”, “¿Por que "separado" se escribe todo junto y "todo junto" se escribe separado?”, “Si hablan del Medio Oriente ¿dónde está la otra mitad?”, “¿Por qué si los borrachos siempre dicen la verdad, cuando están borrachos dicen que No lo están?”, “¿Por qué eres tan feo?”…



Fue una locura de demenciales locuras y desquiciados sucesos que se tornó en una locura de demenciales locuras y de desquiciados sucesos. Un loquerío que no se detuvo sino hasta las 8 de la noche. De pronto vimos la tienda semi-vacía, poblada de cientos de envolturas desoladas y vendedores agotados. El local parecía haber sido víctima de un tifón o de una turba de saqueadores y coleccionistas musicales. Fue un éxito total.




En líneas generales, me divertí como chancho en fango nuevo. Fue una experiencia muy linda y gratamente motivadora. Excitante. Pero ahora, cuando me pidan “un par de impulsadores”, mejor lo mando al Alex Joffre y al Hans Gamarra. Que para tifones, demencias y loqueríos, suficiente con mis gatos.


Toño, Naldo y yo, en la foto final al final de un gran día. ---- foto: Tania Martinez.


miércoles, 29 de abril de 2015

LA TABERNA - OTRO PEDAZO DE HISTORIA QUE SE VA




Uno de los primeros intentos por difundir un tipo de expresión un tanto proscrita, la dio la revista Ave Rok en 1984. El riesgo no solo estaba en sacar una publicación que informe sobre la actividad “un tanto extraña” llevada a cabo por artistas “un tanto extraños”, sino que estaba en organizar aventurados encuentros y actividades que intenten demostrar que aquello en lo que se habían metido, estaba en lo correcto.

En Noviembre de 1984, Ave Rok (Alfredo Rossell, Franklin Jáuregui y Co.) dieron inicio a la invasión underground, con dos recitales presentados con el nombre de “El Rock Subterráneo Ataca Lima”. En uno de ellos estaría la agrupación Del Pueblo (3/11/84) y en otra estarían las bandas Nieve Negra, Los Exigentes de Benito Lacosta, Leusemia y el debut de Wicho cantando en Narcosis (17/11/84). A pesar de ser bandas totalmente desconocidas, el aforo para ambos eventos quedó colmado hasta sus más apartados rincones, marcando un verdadero hito en la historia de la música independiente.



El local escogido fue un recinto ubicado en la cuadra 8 de la Av. del Ejército, en el distrito de Miraflores, sitio donde, por lo general, solo presentaban espectáculos criollos y vernaculares. El lugar era “La Palizada”, conocido también como “Caballero de Fina Estampa”, que tenía un anexo al costado llamado “La Taberna”. Justamente en esta “Taberna” se dio el gran encuentro, un espacio que volvería a ser tomado tiempo después, para otros eventos de rock alternativos hasta bien entrado los 90s.

Sobria y fina entrada de fina estampa.

Pues bien, este lugar, tan grande, tan clásico y tan tradicional (una construcción de antaño con mucha madera y tanta historia), está siendo desmantelado y demolido, para construir un edificio de varios pisos donde el vidrio y las lindas oficinas serán la nueva cara de esta calle.

Cuadra 8 del Ejército. Foto Google.



Si bien NO soy ni nostálgico ni muy apegado a las cosas del pasado, me pareció bastante oportuno el poder escribir algo sobre un lugar donde -podríamos decir- se inició la embestida de una música que terminaría por tomar las calles de la ciudad. De hecho, esta nota está pensada más bien para mis amigos más evocativos y reminiscentes, como también para curiosos, historiadores y puristas, pues todavía están a tiempo para tomar algunas fotos de este emblemático territorio, antes que terminen de derrumbarlo. Luego solo les quedará la resignación de mirar el pasado por Internet.     

Por aquí entramos para aquellas memorables jornadas. Foto Google.

lunes, 13 de abril de 2015

¿EN QUÉ RADICA LA FORTALEZA DE UNA BANDA DE ROCK?

Esta nueva publicación, surge de una pregunta que, humildemente, me hicieron en el Facebook. La pregunta venía de unos muchachos que componen un conjunto de rock, pregunta que está muy muy lejos de las clásicas interrogantes de entrevistadores “profesionales”, donde suelen caer incógnitas tan burras como “¿Cuántas fans tienes?” o “¿Por qué la F?”…   





¿EN QUÉ RADICA LA FORTALEZA DE UNA BANDA DE ROCK?


En su cohesión, en su unificación de ideas, en su norte claro, en creer en lo que están haciendo, en su perseverancia, en la ausencia de egos insensatos. Listo. Esto que debería ser una publicación corta, me veo en la obligación de ahondar un poquito más.

¿Vieron la película La Bamba? Pues bien, muy pocas biomovie, suelen gozar de un trato tan cercano con la realidad. Ahí se muestra a un chico de raíces mexicanas (un pobre chicano de nombre Ricardo Valenzuela) cuando es “descubierto” por un productor norteamericano, quien está dispuesto a convertirlo en una estrella del rock. Pero como condición le pide, primero, que cambie de banda y, segundo, que cambie de nombre, y que “desde ahora te llamarás Ritchie Valens”… El muchacho, a regañadientes, acepta el cambio de nombre, pero rehúsa a desprenderse de los compañeros con quienes inició este tortuoso camino en el mundo del rock and roll. El productor le insiste, y le dice que piense en su música... "Entiende, Ritchie, no a todos les toca"...  Ricardo queda en silencio, lo piensa y luego dice: “Acepto… Pero lo hago por mi familia”.

Y de estos casos, habrá cien mil. Se me viene a la mente el mundo del fútbol, donde al jugador más destacado de tu equipo favorito, de pronto se lo lleva un poderoso Club europeo o lo contratan para un influyente equipo local, ese odioso y acaudalado rival que suele hacer y deshacer equipos a su antojo. Y los hinchas, en lugar de alegrarse por tal acontecimiento, en lugar de congratular y desearle suerte al ahora “ex equipista”, pues lo insultan, le pintarrajean su humilde casa, asedian a su familia, le llaman “traidor”, “vendido” y todas esas estupideces que lo vemos mucho en esta y en otras esferas de la sociedad.





“Yo hago cosas, mientras los demás solo hablan de “hacer cosas”… Yo no salgo de fiesta, no fumo, no bebo, no tomo drogas… Todo eso me impediría el seguir trabajando” (Henry Rollins). 


Uno de los músicos más honestos y respetados del hardcore punk norteamericano, es Henry Rollins, el cantante de aquella bandaza californiana llamada Black Flag (Bandera Negra). Su discurso siempre estuvo ligado a la anarquía, un pensamiento político que lucha por una humanidad más justa y en paz. Y él creía mucho en La Cultura, él pensaba que las obras arte, eran el ariete para el cambio de rumbo en este planeta. Y se dio a la tarea de fundar su propia productora y editora de música y libros. Los conciertos son una forma de financiarse, pero para una banda “no comercial” eso es insuficiente. Así que comenzó a aceptar hacer propagandas televisivas para las más destacadas firmas comerciales. Y una de estas fue NIKE. Y de pronto vimos en la tele al gran Henry Rollins, haciendo spots televisivos para tan poderosa marca. La reacción de algunas bandas y fanzines underground, no se hizo esperar, y competían entre sí para ver quien lanza el insulto más grave hacia “ese traidor de Nike”. Su banda demostró fortaleza, apoyando a su cantante, y no desentendiéndose de sus actividades “paralelas”. Y lo más contundente vino del propio Rollins, cuando dijo: “Si cada spot publicitario, me va a servir para poder editar un libro de algún escritor nuevo, o un disco de una banda desconocida… pues seguiré, eso no lo duden”… Cerrándoles la boca a todos los idiotas.

Y volvemos al inicio. El creer en lo que hacen y el no dejar que otros decidan por ti, hace que tu posición dentro del mundo del rock, sea lo suficientemente fuerte como para NO ser tumbado. La fortaleza de una banda de rock (y creo que la fortaleza de cualquier individuo en una sociedad tan intolerante, competitiva y egoísta), dependerá de lo claro que tengas tus sueños y de lo sólido de tus objetivos.