Por más que la prensa local de rock esté contaminada por
la farándula (usando los mismos patéticos recursos), aún quedan algunos
reporteros con cierta clase y muy acuciosos. Hace poco, uno de estos que había
hecho toda su tarea, me preguntó: “Ví en tu Facebook que te gustan los Bee Gees, y es algo que repites siempre
en tus libros”… Yo le contesté afirmativamente.
- - Pero
no incluirá su etapa discotequera… ¿O sí? –preguntó el joven.
- - (risas)
Pues no, amigo. Yo crecí con todas las gravitaciones posibles de la música:
rock pesado, música orquestal, coral, rock liviano, soft, minimal… Y la primera
etapa de los Bee Gees es increíblemente bella, por más que a muchos de mis
contemporáneos les haya caído muy meloso. Peor que Bread o los Carpenters.
Pero tienes razón, la etapa funk y disco ya no me atrajo mucho. Hasta en las
portadas de sus trabajos había menos ingenio, y ahora eran como desabridos carteles
de propaganda.
- - Pero
he visto en una entrevista que calificas a Barry Gibb como el más exitoso
compositor pop de la historia… ¿Tanto así?
- - Tanto
eso y más. Antes había reservado ese sitial a Elton John o a alguien de su
calibre. Pero Barry es alguien que desde pequeño hizo solamente “éxitos”. ¡Ya
quisiéramos muchos de los que nos dedicamos a hacer canciones, tener tan
gigantesca habilidad! Toda canción escrita por él se transformaba en un masivo
hit radial. Cuando los Bee Gees dejaron de ser un poco la atracción para la
Industria, el buen Barry siguió componiendo éxitos,
tanto para él como para sus hermanos y para otros artistas. Sólo basta hacer un poco de
memoria y se encontrarán con veintenas de “números uno” concebidos por la mano de
este genio.
Al final, la conversa (llevada a cabo en una radio
universitaria) se trasladó únicamente a hablar de los Bee Gees, de Barry, Robin
y Maurice, de su otro hermano (Andy) muerto de sobredosis, o cómo fueron
dejando este mundo dos de los hermanitos, tras larga pelea con el cáncer. Insistí
que “First of May” es una de las mejores canciones de la historia, y que mi adolescente
corazón dio un enriquecido salto cuando escuchó “Spicks and Specks” y se diluyó
con “Run to Me”. Porque mucho más allá
del colchón de mullidos violines y arreglos empalagosos, estaba la excelencia
en las composiciones, la pulcritud de sus voces, la habilidad para poder
caminar por el lado más comercial de la Industria y no caer en lo
estruendosamente banal y desechable. (Daniel F)




























