lunes, 17 de febrero de 2014

¿Sabe a qué hora llegará el Sr. Brizado?





“¿Sabe a qué hora llegará el Sr. Brizado?”


Este relato, de irrecusable tinta ochentera, lo publiqué (junto con otras historias) en un libro que salió en el 2009, titulado “Manuscritos desde una Calle Vedada”. Lo reproduzco acá, a propósito de la anterior historia, la de Churly, con quien seguramente, hay más de un parentesco.


Las puertas de aquel Colegio de Comas, se abrieron para dar paso al gentío que pugnaba por entrar. Era 1984 y con Leusemia tocábamos en cuanto evento se presente. Bingos, verbenas, festivales fuleros, recitales de mala muerte. Todo era bienvenido. Necesitábamos crecer y desarrollarnos. Todavía no había movida Subte, ni había Narcosis, ni mancha ‘leusémica’. Nuestros solitarios primeros pasos en aquellos días de auroras y nacimientos, eran todo un chongo, pero también eran un peligroso paseo por campos minados.
 
Los equipos del evento están malísimos, los grupos cantan en lenguas sajonas y pavonean sus poses como si la escena se estuviera dando en California o Londres.  Toda una caricatura de empaques, plástico y lentes oscuros de media noche. Mientras tanto, en la Sierra, las matanzas continúan y encuentran las fosas comunes de Pacayacu, con 49 cadáveres, quienes habían sido reportados como ‘detenidos por la policía’. Por otro lado, un nuevo grupo sedicioso hacía su aparición: el MRTA.  


*****     *****

Está sonando el último grupo, una horrenda banda que estaba haciendo añicos al pobre de Robert Plant y Co.  Porque eso si, requisito crucial era que te sepas ‘los más grandes éxitos’ de Led Zeppelin, como también de ACDC, Kiss, Grand Funk Railroad, Queen, Doors… Cosas de las cuales, siempre nos burlamos.

Las bandas de todas las tiendas se confunden entre los laberintos del festival. Los amplificadores solían sofocarse a media actuación, teniendo que dejarlos así, apagados por un buen rato y vueltos a prender a ver si volvían a funcionar. Mientras tanto el conjunto solo se tenía que limitar a encogerse de hombros y mirarse entre ellos. Los grupos alquilaban instrumentos para poder tocar. Los productores de los eventos, unos deshilvanados bribones holgazanes que no tenían la menor idea de lo que era el rock o la emoción que este podía despertar, solían ser muy parlanchines a la hora de invitar a las agrupaciones, pero luego, a la hora de ‘cumplir’ con los grupos, brillaban por su ausencia. En más de una ocasión, alquilamos guitarra y bajo en el conocido ‘hueco’ del Sr. Sifuentes y al final NO tocábamos. Gajes del olvido.

Pero al menos, en esta oportunidad, nosotros ya habíamos tocado muy temprano (casi sin gente), pero nos quedamos porque queríamos ver a los formidables Kotosh, quienes tocaron un rato antes que estos imitadores de Zepp.  Muchas veces, en son de broma, decíamos que hicimos una banda de rock solo para entrar gratis a los conciertos, lo cual tiene algo de cierto, porque nosotros de verdad queríamos ver a bandas como Cimiento, Abiosis o Temporal, grupazos de la época que rara vez eran invitados, puesto que, al igual que nosotros, solo cantaban en castellano.

Atrás del escenario, entre el cotorreo de las bandas que ya habían participado, hay un conjunto de chicos muy jóvenes, con sus ojos silenciosamente agazapados y sus rodillas mirando al cielo. Están a la espera que el productor del Festival, un tal Sr. Brizado, les cumpla con lo prometido: sus pasajes de retorno a casa.  Los pusieron después que nosotros. Esto fue como a las 7 pm. Llevan ya más de 4 a 5 horas esperando.   Yo ya estaba a punto de retirarme, cuando uno de ellos se me acerca y comienza a comentarme sobre el evento, sobre los equipos, sobre lo espantoso de la banda que suena…  Me dice que son amigos de uno de los Clímax, pero que estos ya se fueron.


“Nos gusta la música. Nos gusta hacer música. Cada vez que nos metemos a ensayar, surge ‘eso’ que nadie a podido descubrir. Me gusta sentir que la vida aún tiene un propósito.  Quisiera dedicarme a esto a tiempo completo, darle una oportunidad a mí vida y a la vida de mis amigos. No queremos terminar durmiendo en las puertas de los mercados o amarrados nuestras narices a una bolsa de terocal”.


 Era  uno de esos muchachos que nunca más vería en mi vida. Sus ojos denotaban unas ganas inmensas de estar ligado por siempre a estos perímetros de luces, decibeles fragosos y chicas revoloteantes. Llevaba una camiseta con el logo de Aerosmith y sus puños andaban enlazados como un nudo. Luego me pregunta lo que ha estado indagando desde hacía horas:


-  “¿Sabes a qué hora llegará el Sr. Brizado?”.  

- No sé  -le digo-  Pero podemos ir a buscarlo. Lo vi cuando estaba tocando Kotosh. Debe estar en su puesto de comando. 


Llegamos al lugar y el chibolo pregunta por el Sr. Brizado.  “No sé, compadrito” –responde un señor de rasgos orientales-  El tío ta’ por ahí. Debe estar con el Tanga”. 

A los muchachos de aquella banda de la cual ni el nombre me acuerdo, no les habían dado ni gaseosa. La verdad a nosotros tampoco, pero al menos ya nos habíamos asegurado nuestro regreso. Los chibolos estos estaban sin un solo ‘mango’ en el bolsillo y el ‘bendito’ Sr. Brizado no se aparecía.


“Siempre pasa eso –me cuenta- Los promotores te la pintan bacán y después se desaparecen. No te dan ni mierda. Nosotros ensayamos todos los días después del colegio. Puntuales. Luego, en las noches de fin de semana, nos vamos pa’ las tocadas. Ahorita nuestro batero tiene líos en la escuela, así que pronto vamos a extrañarlo. Su papá ya no quiere que toque en un grupo de rock. Yo me tengo que escapar de mi casa para ir a las tocadas. Y en todos lados te exigen lo mismo: ‘los primeros lugares del ranking’ y ‘los grandes clásicos del rock’… Todo es una basura. Yo quiero tocar las canciones que estamos haciendo. Algunas son en inglés, pero son nuestras! Y queremos tocarlas. Quiero tocar, hacer billete y salir de mi casa. (...) Al hermano de mi mamá lo enviaron a la morgue en una bolsa. Tenía 2 impactos de bala en la nuca. Ahora sus hijos viven en mi casa que se ha vuelto un infierno. (…) Aún así, aprendí a tocar guitarra yo solo y toco mejor que ese huevón que se cree Jimmy Page. Yo no me imagino haciendo otra cosa. (…) …Y ese Brizado de mierda que no llega.”.   


Auaka tu li beibee
Ahueca tu mi beibe
Uhaoo…. Uhaaaaaa…”


La presentación de esos “Zeppelín” que se habían apoderado del escenario, llega (al fin) a su fin. Y con ello también el Festival. Las luces se apagan indefectiblemente y la gente, como obscuras figuras de carnaval, comienza su retiro hacia las desembocaduras. La calle se puebla de todo tipo de sombras, una comparsa de enredadas siluetas donde se podía distinguir a los chicos más golpeados por el alcohol, el bambolear de las parejas y a tipos solitarios que se internaban en esa musa de la noche, en esa tibia bruma que despliega sus arterias como remos.  Los ‘plomos’ comienzan a desarmar el endeble tablado, armado en el aún más endeble colegio, de esta aún más endeble patria. Toda mi banda, mis amigos y yo, también nos vamos retirando, un poco aturdidos por el ruido, pero riéndonos por alguna de las anécdotas de la noche o por el tarado que se la pasó imitando a Robert Plant. Todos se van, menos los chicos de la banda que siguen esperando al Sr. Brizado.  En esos momentos, junto a ellos, se cruza el asistente del Sr. Brizado, el ‘Tanga’, con su amanerada pose de aristocrático del rock, acompañado siempre por su “chaleco” (aunque todos decían que era su “monta”). Uno de los muchachos de la banda le corta el paso y se apresura en preguntar:

- “Señor Tanga, ¿sabe a qué hora llegará el Sr. Brizado?”. 

- Muchachos  -le dice el Tanga-  el Sr. Brizado hace 2 horas que se fue”. 

Portada del "Manuskritos desde una Calle Vedada", ediciones KIPUY, 2009, solo en El Cityo y El Virrey

26 comentarios:

  1. Hay cosas que no cambian, hermano...

    Alberto

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    1. si, pues... solo cambian las fechas... pero las situaciones se repiten día a día

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  2. Una historia con un final infeliz... Es lo que se lleva ultimamente.

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    1. Así es, Anónimo... El anhelo es ke estas cosas cambien algún día...

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  3. Hey F, esa historia no la sabía. ¿Dónde encuentro ese libro? ¿Todavía hay?
    tu pata Ernesto, el de Tacna.

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    1. Ernesto... Manda tu dirección a los editores (o por acá mismo si quieres), y te lo envían hasta los confines de la patria. O escribe al Inbox de alguno de mis Feisbuk... Nos vemos.

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  4. envian hasta a Mallorca? por que si es asi , lo quiero!!!!

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    1. Alberto, al igual que con el amigo Ernesto (de Tacna) manda tu dirección a los editores (o por acá mismo si quieres), y te lo envían hasta los confines del mundo. O escribe al Inbox de alguno de mis Feisbuk... O en todo caso, escribe a ventas@danielf.org

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    2. Gracias maestro!!! tomo nota. felicitaciones por el blog. esta buanazo!! A proposito, escuchaste mi maqueta que te pase ..? hasta las huevas no?

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  5. Carajo q historia, estoy HARTO de este sr. brizado q lo encuentro x todo lado de nuestro pais como dcie LaSarita "en nuestra cultura algo anda mal el q es mas pendejo ese va a triunfar", y todo el talento q abunda en nuestro pais ? PTM para llorar... o mejor para despertar y gritar q todavia se puede hacer algo mas ... nunca es tarde gracias Daniel

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    1. Cierto, Marat.... Para despertar y Gritar... Buen clamor.

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  6. Muy Bueno he.. Tantos Sr. Brizado Abundan en nuestro País Grr..!!

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  7. Coincido con todos... ¿Cuantos Brizados hay en la escena nacional? Buen relato. Conseguiré el libro.

    Pedro H.

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    1. El Pedro H.... Búscalo en el Centro Comercial Cantuarias... Allí hay 2 lugares: LAPSUS LINGUAE y otro llamado EL CITYO. Suerte!

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  8. Heyyy muy buen relato F .... (y)

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  9. Muy bueno F, lástima que aún existan personas como el Sr. Brizado. Muy buenos escritos de nuestros recordados 80's.

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    1. Si, pz, Orlando... los Brizados se ha multiplicado y diversificado.

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  10. a la edad de 14 años empece a tocar con mi banda en mi ciudad (huanuco) tbn hacíamos chancha para ensayar comíamos un menu entre 4 escapabamos del colegio para ensayar.... viajabamos una hora en custer a la misma ciudad a tocar ya veces no volviamos por que no nos daban el pasaje... y aun asi seguiamos tocando todo por la musica

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